Por qué la dificultad es subjetiva
Dos personas pueden hacer la misma ruta el mismo día y contarla de forma irreconciliable. Una dirá que fue un paseo; la otra, que lo pasó mal. Ninguna miente. La dificultad percibida depende de al menos cinco variables que no están en el track:
- La forma física: lo obvio, y aun así lo que menos se declara al describir una ruta.
- La experiencia: un tramo aéreo es incómodo la primera vez y rutinario la vigésima. No ha cambiado el terreno, ha cambiado quien pasa por él.
- El vértigo: no correlaciona con la forma física ni con la fuerza. Un paso de dos metros con caída al lado puede bloquear por completo a alguien que sube 1.500 m de desnivel sin despeinarse.
- El día: la misma ruta con niebla, con nieve blanda o a 35 °C es otra ruta. Casi todas las graduaciones asumen implícitamente buenas condiciones.
- El contexto: ir solo, con niños, con el grupo justo o con prisa por volver cambia por completo el margen de maniobra.
De ahí que las etiquetas «fácil / moderada / difícil» sean prácticamente inservibles: comprimen todo esto en una palabra, y cada web y cada club la calibra a su manera. Los sistemas serios hacen justo lo contrario: separan las dimensiones en lugar de fundirlas.
El MIDE: el estándar español
El Método de Información de Excursiones lo creó Alberto París Roche en 2002, dentro de la campaña «Montañas para Vivirlas Seguras» de la Federación Aragonesa de Montañismo, y acabó adoptado por la FEDME como sistema de referencia. Es el que ves en los paneles de madera de medio país.
Su acierto es no dar una nota global. En vez de eso puntúa cuatro cosas distintas del 1 al 5:
- Severidad del medio natural: lo hostil que es el entorno en sí. Exposición a caídas, temperaturas extremas, lejanía de zonas habitadas, posibilidad de pedir ayuda.
- Orientación en el itinerario: cuánto cuesta no perderse. Va desde un camino evidente y balizado hasta terreno donde hace falta mapa, brújula y criterio.
- Dificultad en el desplazamiento: cómo es el suelo bajo los pies. Pista ancha, senda, canchal, pasos en los que hay que usar las manos.
- Cantidad de esfuerzo: la parte puramente física, calculada a partir de las horas de marcha efectiva.
Esa separación es justo lo que necesitas para decidir. Una ruta 1-1-1-4 es una paliza por terreno cómodo y bien señalizado: cuestión de piernas. Una 3-4-3-1 es corta y poco cansada, pero te puede dejar perdido en terreno serio. La segunda es mucho más peligrosa, y con una etiqueta de «moderada» las dos quedarían igual.
Además de las cuatro cifras, la ficha MIDE da los datos de referencia: horario, desnivel de subida y de bajada, distancia horizontal, tipo de recorrido (ida y vuelta, circular o travesía) y la época del año para la que vale esa valoración. Ese último detalle se pasa por alto constantemente: un MIDE calculado para agosto no describe la misma ruta en febrero.
Traza la ruta y obtén distancia y desnivel, los dos datos de partida de cualquier valoración.
Abrir el editor GEPYXLos colores de los senderos: GR, PR y SL
Conviene no confundir la dificultad con la señalización. En España las marcas de los senderos homologados por la FEDME no indican lo dura que es la ruta, sino su longitud:
- GR (Gran Recorrido) — blanco y rojo. Más de 50 km, pensados para varias jornadas.
- PR (Pequeño Recorrido) — blanco y amarillo. Entre 10 y 50 km, de una jornada.
- SL (Sendero Local) — blanco y verde. Menos de 10 km.
Un PR puede ser infinitamente más duro que un GR. Las marcas son de hecho marcas registradas de la FEDME, gestionadas por cada federación territorial, y un sendero homologado implica un mantenimiento y una señalización revisados, lo cual sí es una garantía — pero de conservación, no de facilidad.
Cómo se mide fuera: la escala SAC
El sistema más extendido en los Alpes es la escala de senderismo del Club Alpino Suizo (SAC), también de 2002. Va de T1 a T6 y, a diferencia del MIDE, sí es una única cifra, pero centrada en algo muy concreto: el terreno y la técnica que exige, no el esfuerzo.
- T1 — Senderismo. Camino bien marcado, sin exposición. Vale con zapatillas.
- T2 — Senderismo de montaña. Sendero continuo, a tramos empinado, ya con posibilidad de caída. Calzado de trekking.
- T3 — Senderismo de montaña exigente. La traza no siempre se ve; pasos expuestos. Pide buen pie firme y algo de experiencia alpina.
- T4 — Senderismo alpino. Hay que usar las manos en algunos puntos; neveros fáciles. Experiencia alpina sólida.
- T5 — Senderismo alpino exigente. A menudo sin camino, pasos de trepada sencillos, glaciar descubierto. Botas de montaña y nociones de piolet y cuerda.
- T6 — Senderismo alpino difícil. Casi siempre sin camino, trepada hasta II grado, muy expuesto. Normalmente ni está marcado.
En Suiza la escala está además pintada en el propio terreno: marcas amarillas para T1, blanco-rojo-blanco para el senderismo de montaña (T2-T3) y blanco-azul-blanco para las rutas alpinas (T4-T5). Es decir, ves la dificultad antes de meterte. Los grados se afinan con «+» y «−»: T3+, T4−.
Otros sistemas que te vas a encontrar
- Francia (FFRandonnée): misma lógica de balizado que España — de hecho los GR nacieron allí — con una valoración por esfuerzo, técnica y riesgo. Los colores blanco-rojo de los GR son los mismos a ambos lados de los Pirineos.
- Estados Unidos: reina el easy / moderate / strenuous, sin ninguna normalización entre parques; cuando el terreno se pone técnico se salta al Yosemite Decimal System, cuyas clases 1 y 2 cubren el senderismo y la 3 en adelante ya es trepada y escalada.
- Reino Unido: tradicionalmente descriptivo, apoyado en la distinción entre walking, scrambling (graduado 1 a 3) y escalada.
- IBP Index: no es una escala institucional sino un índice numérico calculado por software a partir del track, muy usado en webs de rutas. Mide esfuerzo, no técnica ni exposición: un número alto significa ruta dura de piernas, no necesariamente comprometida.
Qué mide cada uno, en una frase
Esta es la clave para no comparar peras con manzanas: estos sistemas no miden lo mismo.
- MIDE: cuatro ejes separados — entorno, orientación, terreno y esfuerzo.
- SAC: técnica y exposición del terreno, en una sola cifra.
- GR / PR / SL: longitud y homologación. Nada sobre dificultad.
- IBP: esfuerzo físico calculado desde el track.
Una ruta puede ser T2 y a la vez un MIDE de esfuerzo 4: técnicamente sencilla y físicamente exigente. Y al revés. Por eso, cuando alguien dice «es una ruta de nivel medio», la pregunta útil no es cuánto, sino en qué.
Cómo valorar una ruta tú mismo
Antes de salir, y aunque no vayas a rellenar una ficha MIDE formal, te vale con responder a las cuatro preguntas por separado:
- ¿Cuánto se tarda y cuánto se sube? Son los datos que salen directos del track.
- ¿Está señalizado o tendré que orientarme?
- ¿Cómo es el suelo? ¿Hay algún paso que requiera manos o dé vértigo?
- ¿A qué distancia estoy de poder pedir ayuda si algo sale mal?
Las dos primeras las resuelve el propio archivo: en GEPYX tienes distancia, desnivel y perfil de elevación en cuanto trazas o importas la ruta, y a partir de ahí puedes estimar el horario con los métodos que vemos en cómo calcular cuánto vas a tardar. Como el desnivel es el dato que más pesa en cualquier valoración de esfuerzo, conviene saber cómo se calcula de verdad: dos apps pueden dar cifras muy distintas para el mismo recorrido.
La conclusión incómoda
Ningún sistema, por bueno que sea, valora a quien camina. El MIDE describe la excursión con honestidad; lo que no puede saber es si tú estás para esa excursión ese día. Esa parte del cálculo te toca a ti, y es la única que de verdad decide cómo termina la jornada.